Boxeo: Castaño renunció a su cinturón superwelter ante el nuevo rey Charlo | El argentino perdió por nocaut técnico en el décimo asalto

Algo debe fallar en la puesta a punto. Brian Castaño necesita estar, por lo menos, tan fuerte y tan veloz, incluso más, que en la pelea del año pasado en San Antonio (Texas), para hacerle frente a Jermell Charlo y tener posibilidades de triunfo. Y no lo estuvo. El peleador de Isidro Casanova se vació del 6º round en adelante. Y, a partir de allí, no tuvo energías para sostener el ritmo intenso que había propuesto en la primera mitad del combate. Ni tampoco un plan B para afrontar esa contingencia. Además, cometió otro error.

Se quedo en la linea de fuego de Charlo, a expuesto su boxeo largo ya la persistencia de su izquierda lanzada en jab y en directo y de su ascendente de derecha. Y el estadounidense lo ejecuto sin miramientos. En el 7º round le aflojó las piernas con un zurdo cruzado. Y en el 10º lo derribó dos veces: primero con un durísimo gancho de la misma mano que le quebró las rodillas y luego, con otras dos izquierdas que le agitaron la cabeza como el badajo de una campana. El árbitro Jerry Cantú inició la cuenta, pero la interrumpió antes de llegar a los diez, ya los 2 minutos y 33 segundos del asalto, decretó el nocaut técnico: Castaño estaba terminado y nada más le quedó por hacer sino aceptar su rotunda derrota, la primera de su carrera profesional. Y el fin de su sueño de ser el campeón mundial unificado de los superwelters. Mientras él traía de recuperarse sentado en un banquito, Charlo alzaba orgulloso los cinturones del Consejo, la Federación, la Organización y la Asociación.

«Lamentablemente, recién entré, no me esperé esa mano» declaró Castaño a la televisión argentina en la primera hora de este domingo sobre el ring del Dignity Health Sports Center de Carson (California). «Fui mermando para el diez, once y doce, apretar un poco más, y terminar con más resto, pero bueno, se dio así. Una lástima porque tenía muchas ilusiones, muchas ganas. Sentía que podía ganarle, así cómo estaba, creo que iba bien.

Tal vez, el paso de los días habilite algunas confidencias. Y pueda saberse que hizo y que no hizo y que le falto a Castaño para llegar al tope de sus posibilidades fisicas. La preparación parecía haber encarado con responsabilidad, arrancó en los primeros días de enero en los Estados Unidos y no hubo ningún cambio en la composición del equipo que lidera su padre Carlos como técnico y segundo principal con el aporte del profesor Matías Erbín en la tarea física y del doctor Walter Quintero en los aspectos médicos. Incluso, el desgarro que sufrió en el biceps derecho y que motivó la discutida suspensión en marzo pasado había quedado atrás. Pero el mismo sábado por la tarde, algunas fuentes cercanas a Castaño abandonaron trascender desde Los Ángeles que sin ser deficiente, su condición física no era la necesaria para una exigencia de este nivel. No estaba diez puntos, tal vez con mucha suerte llegaba a siete u ocho, y lo pagó con la derrota.

Quedó dicho: hubo dos Castaño (69.762 kg) en uno. El de los seis primeros rounds, peleó permanentemente, asumió riesgos, lo forzó a Charlo (69,308) al retroceder, sostuvo cruces endemoniados, llegó con golpes cortos que no le hicieron mella al estadounidense y soportó sus contraataques justos. Castaño estaba dos puntos arriba (58 a 56) en la tarjeta de Libero al cierre de la primera mitad del pleito. Pero en las cuatro vueltas posteriores, ya no tuvo resto para presionar. Y cometió otro error esencial: en vez de salir a los costados para no quedar expuesto al poder superior de fuego de Charlo, siguió atacándolo frontalmente. Era justo lo que necesitaba el estadounidense para hacer brillar a pleno su estilo claro y efectivo.

Las salidas a los costados para retornar con el directo de izquierda y el uppercut de derecha fueron dañándolo irreversiblemente a Castaño y alistaron la definición categórica. En ese momento, las tarjetas de los tres jurados tenían al frente a Charlo con holgura exagerada (3, 5 y 7 puntos), mientras que Libero reconocía apenas uno (86/85), pero con una tendencia inexorable a favor del estadounidense.

Castaño y su equipo ahora debe hacer autocrítica y evaluar por qué no se pudo soportar lo que si se soportó en la pelea del año pasado. En el tramo decisivo de este desquite, cuando los cuatro cinturones estaban más en juego que nunca, Charlo dió la impresión de estar más fuerte y Castaño, más vulnerable y desgastado. ¿Se confió el peleador de La Matanza, creyó que lo que tenía le bastaba y que no necesitaba más? ¿Por qué su máquina de combate hizo seis rondas y no los doce? ¿Le faltó una vuelta de tuerca más a su preparación? Sólo él y los suyos saben las verdaderas razones de la derrota. Una derrota que sin volver todo a fojas cero, lo obliga a Castaño a recorrer de nuevo, acaso por última vez en su carrera, el áspero camino rumbo a un título del mundo.

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