Metal Hellsinger, análisis y opiniones del juego para PC, PS4, Xbox One, PS5 y Xbox Series

Un demonio conocido como La Extraña debe recuperar su voz en el infierno mientras despacha a las hordas demoníacas a golpe de canción metalera. El resultado es aun mejor de lo que suena.

Creo que un concepto novedoso realmente demuestra su calidad cuando ya lo conoces de antemano y, aún así, te sorprende. En el caso de Metal: Hellsinger, el juego se hizo popular hace un tiempo cuando describió su fabulosa idea de mezclar el shooter clásico y frenético con el ritmo. Lo interesante de la obra de Los forasteros es que, aunque ya sepas de qué va, experimentar esta mecánica sigue siendo algo brillante.

El shooter como género, sobre todo el clásico, tiene una capacidad intrínseca para sumergir al jugador en un estado de concentración singular. Es una sensación difícil de describir: tu muñeca y tus dedos parecen moverse solos manejando el ratón, sin pensar conscientemente en ello, de forma que no tienes que procesar las acciones para conseguir tiros a la cabeza y moverte «endiabladamente». El otro género con el que me ha pasado esto es con los juegos rítmicos. en un Héroe de la guitarra, por ejemplo, deja de pensar en las notas, y te deja llevar por el flujo de la canción. Imaginad, entonces, las sensaciones que producen Metal: Hellsinger, cuando ese frenetismo de tus movimientos y esa puntería precisa se armoniza con los compases y ritmos de canciones de heavy metal realmente inspiradoras. Su premisa, por tanto, se basa en disparar a ritmo de golpe musical. Apretar el gatillo y acertar en el enemigo al compás multiplica nuestro combo y nos hace más poderosos, mientras que fallar el tiro y el ritmo lo reduce y nos deja expuestos. Este sistema por sí solo es capaz de sostener una experiencia que dura lo que tiene que durar, en torno a unas 5-6 horas, dependiendo de tu pericia y también de los objetivos secundarios que te ayudarán en tu aventura por el infierno.

Porque sí, Metal: Hellsinger lo dice todo con su nombre. Somos una demonio que busca venganza y recupera su voz adentrándose en las distintas zonas del infierno y despachando a sus huestes. El juego, de hecho, narra demasiado para mi gusto en este tipo de experiencias. Una voz en off de un demonio acompañante te introduce en el objetivo y en algunos detalles de este particular averno. Entendiendo que todo juego moderno que se precie tiene miedo de no contar con un hilo narrativo, pero, en el caso de Metal: Hellsinger, me era más importante el ritmo que la historia y no la consideró muy necesaria. A este infierno vienes a disparar y no a que te cuenten peliculas.

Busca tu voz y tu ritmo

Se nota un estudio con talento, pero que todavía puede hacer de este infierno algo más atractivoSe me da fatal curarme. La mecanica es parecida a los nuevos Condenar, en el que el enemigo queda aturdido y, con un movimiento especial, acabas con él lanzando de paso una buena cantidad de vida y permitiéndote unos segundos de respiro que te vendrán bien para continuar la carnicería. La cuestion es que la tocar de la cura tiene un ritmo distinto al de disparar, con solo un beat de cuatro, por ejemplo, en el que curarse; y es aquí donde yo demuestro mi impaciencia. Lo brillante de Metal: Hellsinger es que todos tenemos un punto débil. El mío es la cura, pero habrá otros que no dominen el ritmo más rápido de las dobles pistolas o la letanía de la ballesta. Y, sin embargo, todo parece equilibrarse internamente para que suplas tus debilidades con tus fortalezas.

Yo pierdo muchas oportunidades de curarme, pero sé moverme bien, disparando desde lejos y aprovechando los cristales de salud que te proporciona el entorno. Y, si necesita más ayuda para superar los niveles que van creciendo en dificultad, tiene la ayuda de los tormentos: una serie de arenas que proponen un objetivo de bajas. Si lo superamos, lograremos un sigilo Cada uno tiene un efecto determinado, que nos ayuda en nuestro multiplicador, con un arma, etc. Los coleccionistas pueden cumplir todos los tormentos, pero también puedes centrarte en los que te interesan de verdad.

Análisis de Metal Hellsinger

Veo a Metal: Hellsinger tal y como vi a Doom 2016 antes de la llegada de fatalidad eterna; es un juego maravilloso que tiene, sin embargo, todavía más potencial por alcanzar. En el caso del juego de The Outsiders, no me molesta tanto la duración como la reiteración. Se puede conseguir una mayor variedad de enemigos y, sobre todo, de ese jefe de final de fase que se repite demasiado.

Metal: Hellsinger es uno de esos juegos que es mejor probarSe le nota, además, un estudio con talento, pero que todavía puede hacer de este infierno algo más atractivo tanto visualmente como en el diseño de niveles y de sus arenas. No me extrañaría que un Metal: Hellsinger 2 mejorara y muchas todas estas facetas con mayor financiación, aportando además algunas mejoras a las mecánicas y otras armas imaginativas. Lo que es mas dificil de mejorar es, sin duda, la banda sonora. Hay canciones tan logradas que no puedo dejar de reproducirlas en mi cabeza mientras escribo lineas estas. Van desde el metal más rasgado hasta el más melódico. Y yo, que siempre ha sido un poco débil a la voz femenina en estas composiciones, no soy muy original y destaco el tema de Stygia de Archienemigo y la voz de Alissa White-Gluz que es lo suficientemente poderosa para que te duela cada vez que tu multiplicador desciende del x16, donde tu voz (la de Alissa en este caso) deja de sonar.

PC Metal Cantante Infernal

Metal: Hellsinger es uno de esos juegos que es mejor probar, de los que no hace falta decir mucho, porque es mejor dejar que cante solo. Cierto es que este tipo de hibridaciones ya no son por si mismas tan originales, pues tenemos juegos como Cripta del Necrodancer que ya hizo lo propio con el dungeon crawling, por ejemplo. Pero es en la ejecución donde la obra de The Outsiders brilla con luz propia en el infierno. Parece un juego descarnado, y lo es, pero también es un juego muy pulido y que ha reflexionado profundamente sobre el sistema que presenta y sobre cómo explotarlo de forma inteligente. El resultado es, a todas luces, endiabladamente divertido.

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